Nació en Bogotá el 19 de octubre
de 1800 -Murió el 26 de abril de 1872
Jefe militar y presidente de la República, Pedro Alcántara
Herrán Martínez de Zaldúa hizo sus estudios,
como otros presidentes colombianos, en el Colegio de San Bartolomé,
pero a la edad de 14 años los suspendió para iniciar
la carrera militar, en la que sobresaldría, hasta obtener
el grado de general de la República.
Desde muy joven,
Herrán formó parte de las filas libertadoras participando
en varias batallas, entre ellas la célebre de la Cuchilla
del Tambo, donde fue aprehendido y condenado a muerte por los
jueces realistas con varios patriotas más. No alcanzó a
ser ajusticiado, y recibió conmutación de la pena
por prestar servicios a los ejércitos españoles
durante algunos años, hasta cuando logró reintegrarse
a la lucha independentista, recibiendo de Antonio José de
Sucre el grado de capitán. Participó en las campañas
del sur y del Perú, también combatió en
Bomboná, Junín y Ayacucho; por su conducta militar
en esta última contienda recibió una distinción.
En 1828 se le nombró intendente de Cundinamarca, y fue
ascendido a general por el Libertador. En enero de 1830 fue nombrado
secretario de Guerra, y en 1832 ocupó el cargo de secretario
de la Legación ante la Santa Sede, de donde regresó para
dedicarse a labores rurales y textiles.
Siendo jefe militar,
tuvo que viajar a Panamá; a su regreso ocupó la
Gobernación de Cundinamarca y más tarde se desempeñó como
secretario de Relaciones Exteriores.
Dio lo mejor de su capacidad
militar y organizativa en la guerra que el gobierno de José Ignacio
de Márquez debió afrontar en 1839 y en los años
siguientes para combatir el levantamiento de los pastusos ocasionado
por la clausura de los conventos menores de Pasto, causa a la
que se unió José María Obando y que se extendió por
todo el país, suscitando la llamada guerra de los Supremos.
En medio de esta contienda, Herrán fue propuesto como
candidato a la Presidencia. Elegido para el período 1841-1845,
lo acompañaron el general Domingo Caycedo, en calidad
de vicepresidente, y el antioqueño Juan de Dios Aranzazu,
como presidente del Consejo de Estado. Debido a las exigencias
de la guerra, Herrán decidió ponerse al frente
de la campaña en el norte. Delegó, entonces, el
ejercicio ejecutivo en Aranzazu, quien lo desempeñó durante
corto tiempo, y posteriormente Domingo Caycedo gobernó los
destinos del Estado hasta 1842, cuando se los devolvió a
Herrán. Recién posesionado en la primera magistratura
del Estado, cuenta Ignacio Arizmendi Posada, el general Herrán
dirigió una carta al Congreso en la que manifestaba la
conveniencia de reformar la Constitución de 1832, por
cuanto el observarla representaba muchas dificultades para el
mantenimiento del orden público y la armonía de
los poderes.
Esta nueva Carta, sancionada por el presidente Herrán
el 20 de abril de 1843,y surgida después de la experiencia
de la guerra civil, fortaleció el poder ejecutivo y aseguró la
paz por varios años, situación inusitada y sorprendente
en un país donde los enfrentamientos y guerras se sucedían
casi ininterrumpidamente. El gobierno de Herrán impulsó la
instrucción pública e introdujo un nuevo plan educativo,
bajo la inspiración del ministro del Interior, Mariano
Ospina Rodríguez; construyó el camino del Quindío,
que comunicó al Valle del Cauca con la región de
Mariquita; y ordenó la recopilación de la legislación
granadina, adelantada por Lino de Pómbo. Además,
permitió el regreso de los jesuitas y realizó un
censo nacional de población.
Después de dejar la
presidencia, Herrán asistió a varios congresos;
fue secretario de Guerra y general en jefe del ejército;
participó con éxito en la lucha contra José María
Melo en 1854; y renunció a su cargo diplomático
en Washington en 1860, con el fin de defender la Confederación
Granadina, cuando el general Tomás Cipriano de Mosquera,
suegro de Herrán, emprendió la lucha contra Mariano
Ospina Rodríguez. Herrán tuvo varias diferencias
con Mosquera, las cuales propiciaron su destitución pública
del cargo de embajador ante el gobierno de Estados Unidos, y
su baja de las filas militares. Más adelante, en 1866,
Mosquera le restituyó a Herrán su grado militar.
En los años siguientes desempeñó algunos
cargos diplomáticos para los gobiernos de Guatemala y
El Salvador, y cuando falleció, en 1872, se encontraba
ejerciendo funciones de senador por el Estado de Antioquia en
la capital de la República.