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Edgar Negret Dueñas
Escultor caucano (Popayán, 1920). Hijo
del general Rafael Negret Vivas y de María Dueñas,
Negret estudió en la Escuela de Bellas Artes
de Cali entre 1938 y 1943. A1 año siguiente,
conoció en su ciudad natal al escultor vasco
Jorge de Oteiza, quien lo puso al tanto de la escultura
moderna.
Así, después de sus figuras erguidas o
reclinadas, realizadas en la escuela dentro de una concepción
convencional, Negret trabajó entre 1944 y 1948
una serie de yesos de innegable calidad, que anticipan
su enorme inventiva. Son cabezas (de los poetas Guillermo
Valencia, Porfirio Barba-Jacob, Gabriela Mistral y Walt
Whitman), algunos temas religiosos (Virgen, Cabeza del
Bautista, Ascensión, Mano de Dios y Anunciación),
algunos temas mitológicos (Tritón y Venus)
y La muchacha en la ventana. Aunque en las cabezas se
reconocen los personajes, estas esculturas son básicamente
abstractas por ser ante todo formas esenciales, alejadas
de los pormenores.
Entre fines de 1948 y 1950, Negret realizó su
primer viaje a Nueva York. Allí, a más
de algunas cerámicas biomórficas, realizó
sus primeras construcciones. Entre ellas se destacan
El nido y Rostro de Cristo, ambas de 1950. En una y
otra, la lámina de metal y el alambre aluden
a los temas sin ninguna proclividad naturalista.
En 1949 Negret había realizado otra escultura
en metal: Vaso con una flor, un dibujo hecho en varilla
de hierro que no sólo representa el tema sino
delimita el espacio real. Luego de una breve temporada
en Colombia, Negret viajó a Europa; vivió
en París, Barcelona, Madrid, Mallorca y St. Germain-en-Laye,
entre 1950 y 1955. Inicialmente siguió trabajando
yesos. En estas nuevas esculturas la abstracción
predomina sobre cualquier alusión figurativa,
tal como lo corroboran los propios títulos de
las obras: Dirección sur, Homenaje a Gaudí,
Columna conmemorativa de una masacre, etc. Luego de
ver en París la retrospectiva póstuma
de Julio González en 1953, Negret pasó
a utilizar el hierro.
Estas construcciones realizadas en Palma de Mallorca,
entre 1953 y 1954, ya sugieren aparatos o máquinas.
A fines de 1955 y hasta 1963 Negret se instaló
en Nueva York. Durante estos años ejecutó
la serie denominada Aparatos mágicos .[ver tomo
6, p. 126], en la que, por primera vez, empleó
el aluminio (que desde entonces será su material
exclusivo) y luego de intentar unir las diferentes piezas
con dobleces se decidió por la utilización
de tuercas y tornillos. La serie se caracteriza por
el empleo de elementos geométricos y por el rigor
compositivo; también por el color: las construcciones
están pintadas de negro, blanco, rojo y azul.
Luego de quince años de ausencia, Negret regresó
al país en 1963, y desde entonces ha vivido en
Bogotá (donde ya había expuesto en 1958
y 1962), con un corto intervalo en Cali entre 1968 y
1971. En 1963 participó en el XV Salón
de Aristas Colombianos y ganó el primer premio
en Escultura, con Vigilante celeste. En 1967 volvió
a obtener el primer premio en el XIX Salón Nacional,
con Cabo Kennedy.
A partir de los primeros años sesenta, las esculturas
de Negret encuentran un elemento nuevo: El espacio interior
que surge de la lámina de aluminio doblada y
enfrentada a otra similar. El vacío, que ya había
trabajado en Cabeza del Bautista, se convierte en un
elemento importante en sus primeros Navegantes, y durante
mucho tiempo estará presente en su producción.
El espacio interior da volumen a la construcción
y, sobre todo, enriquece la composición que se
convierte en un contraste permanente de formas metálicas
y de formas espaciales, limitadas por el aluminio doblado.
En estos mismos Navegantes se afianza la presencia de
elementos repetidos, verdaderos módulos que ya
habían hecho su aparición en las primeras
construcciones de Mallorca.
Dos ripos de esculturas predominaron en la producción
de Negret desde los primeros años sesenta: los
Navegantes, siempre flotantes, con pocos puntos de apoyo,
y los Puentes, siempre extendidos entre dos puntos,
firmes y bien sostenidos. Luego aparecieron las series
Cabo Kennedy, Géminis, Acoplamientos y, simultáneamente,
las Torres, Edificios, Templos, Columnas y Escaleras,
entre otras construcciones.
Negret nunca ha puesto sus títulos arbitrariamente,
siempre ha acertado en esas denominaciones, que tienen
algo en común: todas se refieren al mundo de
las construcciones, ese mundo extraordinario que, a
lo largo del siglo y gracias a la tecnología,
ha realizado los aparatos más prodigiosos de
navegación aérea en la atmósfera
y el espacio abierto, los puentes, las estructuras y
los edificios más grandes y sorprendentes de
la historia de la humanidad.
Pero sus construcciones no sólo aluden a esas
obras de la ingeniería y la arquitectura contemporáneas,
son obras de arte, creaciones escultóricas con
leyes propias que traducen un mundo material en formas
completamente inventadas. La serie de Los Andes inicia
una nueva etapa en la producción de Negret. A
primera vista, la morfología no es demasiado
diferente de las composiciones precedentes; sin embargo,
estas esculturas recuerdan el poderío de nuestras
montañas, su concatenación, su apariencia
similar, sus picos y sus depresiones profundas.
Las metamorfosis de 1981 tienen una novedad que poco
a poco se irá enfatizando: los planos que se
articulan entre sí sin recurrir a los enfrentamientos
con otros para crear espacios internos, y si esto último
ocurre, el vacío no es tan importante como sucedía
en la mayoría de las esculturas anteriores.