|
Capítulo
I
Brindar seguridad democrática
I. Brindar seguridad democrática
Colombia
afronta uno de los conflictos armados de mayor duración
en el mundo, con hondas repercusiones en todos los aspectos
de la vida social. En las últimas décadas
el conflicto se ha agudizado de manera significativa.
Las organizaciones armadas al margen de la ley han incrementado
su presencia en el territorio y su tamaño y,
simultáneamente, han escalado las acciones terroristas
contra la población civil y la infraestructura
económica y social del país, a la vez
que estrechan sus vínculos con negocios ilícitos
como el narcotráfico.
Con el objetivo de defender el ordenamiento democrático
y el Estado de Derecho, garantizar la seguridad y la
libertad de la población, proteger los derechos
humanos e impulsar la prosperidad económica y
la equidad social, el Gobierno Nacional implementará
un modelo integral de Seguridad Democrática que
le permita al Estado brindar seguridad a todos los sectores
de la sociedad, consolidar su presencia legítima
en el territorio nacional y recuperar el control definitivo
en las zonas con influencia de grupos armados ilegales.
La Seguridad Democrática puede entenderse como
el ejercicio de una autoridad efectiva que sigue las
reglas, contiene y disuade a los violentos y está
comprometida con el respeto a los derechos humanos,
el pluralismo político y la participación
ciudadana. Así entendida, la Seguridad Democrática
trasciende el concepto tradicional de seguridad nacional,
ligado exclusivamente a la capacidad del Estado para
coartar y penalizar a aquellos individuos que transgreden
las normas de convivencia en sociedad. En última
instancia, la estrategia de Seguridad Democrática
busca asegurar la viabilidad de la democracia y afianzar
la legitimidad del Estado.
La ejecución de la política de Seguridad
Democrática se realizará bajo la dirección
del Presidente de la República, con la coordinación
y supervisión del Consejo Superior de la Seguridad
y Defensa Nacional. En el ámbito territorial,
la coordinación estará a cargo de los
gobernadores y alcaldes, asistidos en esta labor por
consejos departamentales y municipales de seguridad.
En este contexto, se adelantarán las iniciativas
necesarias para lograr un mayor desarrollo y fortalecimiento
institucional del Ministerio de Defensa Nacional. Las
Fuerzas Militares y la Policía Nacional adecuarán
sus estructuras institucionales para la ejecución
de la política de Seguridad Democrática.
El Gobierno Nacional, bajo los principios de transparencia
y rendición de cuentas, propenderá por
comunicar y explicar de manera sistemática, tanto
a la opinión pública nacional como internacional,
las políticas y medidas que va a implementar
en el marco de la Seguridad Democrática. Adicionalmente,
desarrollará un esquema permanente de seguimiento
y evaluación.
1.
Control del territorio y defensa de la soberanía
nacional
En
los últimos años el país ha asistido
a una indiscutible degradación del conflicto
armado. Las organizaciones al margen de la ley recurren
al terror en su afán por consolidar y controlar
territorios de gran valor estratégico y para
acopiar los recursos que el escalamiento de la confrontación
exige.
De allí que cada vez son más frecuentes
los actos violentos contra la población y bienes
civiles, como las masacres, las violaciones e infracciones
a los derechos humanos y al Derecho
Internacional Humanitario, los ataques a poblaciones
e infraestructura con medios masivos de destrucción,
el desplazamiento forzado de población civil
y, más recientemente, las amenazas y expulsión
de mandatarios locales.
En
los últimos diez años el crecimiento de
los principales actores ilegales del conflicto ha sido
del 157,5%. Para 2001 las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (Farc-Ep) habían duplicado su pie
de fuerza. Tenían 16.580 combatientes, distribuidos
en 62 frentes, a partir de los cuales se conformaron
siete bloques con una distribución y copamiento
geográficos importantes a escala nacional. Con
relación al Ejército de Liberación
Nacional (Eln) si bien se constata también una
duplicación en su pie de fuerza entre 1990 y
2001, periodo en que alcanzaron 4.500 hombres distribuidos
en 41 frentes que conforman cinco bloques de guerra,
esta organización ha visto sensiblemente mermada
su capacidad de crecimiento militar y ha perdido control
territorial. Los grupos ilegales restantes -Ejército
Popular de Liberación (Epl), Ejército
Revolucionario Guevarista (Erg) y Ejército Revolucionario
del Pueblo (Erp)-, que representan fuerzas bastante
marginales en
términos militares con un promedio de 200 hombres,
parecen ser muy funcionales al accionar del Eln, pero
sobre todo, de las Farc-Ep.
Por
su parte, en el mismo periodo los grupos de autodefensa
quintuplicaron su tamaño y fortalecieron notablemente
su presencia territorial. De tener 1.800 hombres en
1990 pasaron a tener 10.560 en 2001, distribuidos en
10 bloques. Cabe observar que su crecimiento más
importante se ha dado a partir de 1999. Preocupa igualmente
el hecho de que alrededor de 7.000 menores alimentan
las filas de los grupos armados ilegales.
La
mayor concentración del poder militar y ofensivo
de los actores armados se da todavía en zonas
periféricas y de influencia histórica
de estas agrupaciones, aunque sea cada vez más
clara la importancia estratégica de ciertos territorios,
motivada por razones de orden económico o militar
expansivo. Estos últimos constituyen zonas económicamente
atractivas que pueden disputarse y controlarse para
beneficio de las organizaciones armadas ilegales; configuran
corredores fundamentales tanto para el aprovisionamiento
de pertrechos y armas como de alimentos y elementos
de apoyo logístico; y tienen implicaciones en
el dispositivo militar y en la relación de ventaja
frente a otras organizaciones armadas ilegales o la
Fuerza Pública. En ellos, estas agrupaciones
han
conformado y fortalecido economías de guerra,
como la de cultivos ilícitos con sus vínculos
hacia la actividad del narcotráfico, o constituido
fuentes de financiación importantes a través
de la extorsión, el secuestro, el abigeato y
el asalto a entidades financieras, que afectan a zonas
agroindustriales y de explotación pecuaria, petrolera
y minera.
Gráfico
4
Evolución del pie de fuerza de los grupos armados
al margen de la ley
1990-2000
No
obstante la caracterización previa, las principales
áreas urbanas se constituyen crecientemente en
objetivo tanto para la obtención de recursos,
sobre todo en el caso de la guerrilla a través
de la extorsión y el secuestro, como para impulsar
el propósito de trasladar el conflicto a las
ciudades. Sin embargo, en términos generales
este propósito está todavía en
gestación y desarrollo. En barrios marginales
de varios centros urbanos hay presencia de milicias,
pero tales lugares no han podido ser consolidados y
controlados territorialmente por los grupos armados
al margen de la ley.
De otra parte, el acceso al poder local en múltiples
municipios del país, característico de
la estrategia durante toda la década de los años
noventa, ha tenido también su propia dinámica
que parece no conformarse con la obtención de
un cierto reconocimiento de influencia en la gestión
local y de una relativa incidencia en el manejo de los
presupuestos locales. Tal injerencia, precedida en zonas
de expansión por una alta tasa de homicidios,
masacres y desplazamientos forzados, se ha extendido
a las amenazas, expulsión y asesinato de líderes
políticos, concejales y mandatarios, en una estrategia
a través de la cual los grupos armados pretenden
un mayor reconocimiento e influencia en la gestión
local del país.
El asesinato de civiles por parte de los grupos armados
ilegales ha cobrado particular importancia en los últimos
años. De acuerdo con cifras del Ministerio de
Defensa, entre 1996 y 2000 se constata un crecimiento
del 76%, con un fuerte agravamiento a partir de 1999,
cuando la conducta se duplica con relación a
las cifras del año anterior. En términos
de autoría, los casos atribuibles a los grupos
subversivos presentaron un incremento del 55% en el
curso de la serie anotada y, en lo que respecta a las
autodefensas, del 98%. Si bien los homicidios derivados
directamente del conflicto armado no superan el 10%
del total nacional1, su impacto en las zonas de ocurrencia
es muy fuerte.
Cuadro 2
Actos violentos perpetrados por grupos al margen de
la ley
La
evolución de las masacres muestra un aumento
igualmente preocupante: el número de casos y
de víctimas durante el periodo 1995-2000 creció
en 48%, y si bien para el año 2001 se observa
una disminución aproximada del 20% en el número
de casos y casi del 25% en el número de víctimas
con relación al año anterior, las cifras
aún son elevadas.
Con relación al secuestro, en ningún otro
país del mundo existe una industria como la que
han puesto en práctica los grupos armados al
margen de la ley; se calcula que en los últimos
años se han transado cerca de US$1,500 millones
producto del secuestro realizado tanto por los actores
ilegales del conflicto como por bandas de delincuencia
común2. Además de su inconmensurable impacto
emocional, el secuestro y la extorsión afectan
seriamente el desarrollo económico del país
y ahuyentan la inversión.
Los ataques a poblaciones, una de las más graves
infracciones al Derecho Internacional Humanitario, constituyen
un indicador importante para medir el pulso del conflicto
interno armado. Si bien en 2001 se observa un descenso
importante con relación a 2000 y a 1999, año
en el cual se evidencia la mayor intensidad, la utilización
de medios masivos de destrucción sobre bienes
civiles, como los cilindros de gas, tiene unos costos
sociales y económicos enormes.
Igualmente
grave es la situación concerniente a los ataques
sistemáticos a la infraestructura energética,
vial y de comunicaciones, con un alto costo económico
para el país. En prácticamente todos los
tópicos considerados hay aumentos significativos
especialmente en la segunda mitad de la década
de los noventa y en 2001. En el Cuadro 3 se resumen
los costos por terrorismo y acciones delincuenciales
contra la infraestructura nacional, para 2001.
Cuadro 3
Costos por terrorismo y acciones delincuenciales contra
la infraestructura nacional
(Millones de pesos de 2002)

1/
Robo de combustible, contrabando, mezclas, atentados
a oleoductos y gasoductos. El robo de combustible incluye
costos totales para la Nación, es decir, pérdidas
de Ecopetrol, sobretasa, impuesto global e IVA. La cifra
aproximada es de $900.000 millones anuales. El monto
adicional corresponde a los 170 atentados del Oleoducto
Caño Limón-Coveñas ($265.000 millones)
y los
costos de reparación de gasoductos ($6.400 millones).
Fuente: Ecopetrol y Asociación Colombiana de
Petróleos.
2/ Voladura de torres de energía, Fuente: ISA.
3/ Atentados a puentes y peajes. No incluye pérdidas
por reducción de tráfico de vehículos,
Fuente: Invías.
4/ Atentados contra la red férrea, Fuente: Concesión
del Corredor Férreo del Atlántico.
5/ Atentados a radares, radioayudas, electromecánicos,
comunicaciones y aeropuertos. Fuente: Aeronaútica
Civil.
Los
costos los asume en gran parte la población colombiana,
reflejados en aumentos de precios, atrasos en el desarrollo
tecnológico, limitación en el suministro
de servicios públicos, y disminución en
los ingresos de regalías de la Nación
y de las regiones. Adicionalmente, se ven afectados
los programas de vinculación de capital privado
en la financiación de proyectos de infraestructura,
ya que los problemas de orden público son uno
de los principales determinantes de dichas decisiones
de inversión.
Tal vez la consecuencia más dramática
del conflicto está en el desplazamiento forzado
de civiles. El terror, como herramienta de los grupos
armados para controlar la población y como mecanismo
para obtener un mayor control sobre el territorio y
así desarrollar sus actividades ilícitas,
ha causado el desalojo de cientos de miles de familias
en los últimos años, con la consiguiente
destrucción del tejido social y un descenso dramático
de la productividad agrícola en varias zonas
rurales del país y el incremento de la miseria
en las ciudades.
Desde
1985 hasta el año 2000, han sido desplazados
de sus lugares de origen como consecuencia del conflicto
armado, casi un millón de colombianos3. "Durante
2001, según el Registro Único de la Red
de Solidaridad Social (RSS), las causas inmediatas de
los desplazamientos fueron la amenaza generalizada (47%),
los enfrentamientos armados (23%), las masacres (9%),
los asesinatos selectivos (11%), las tomas a municipios
y veredas y ataques indiscriminados (4%), y el restante
(6%) por otras causas"4%.
Además del panorama de violencia asociado al
desarrollo del conflicto armado, Colombia presenta un
fenómeno preocupante de violencia urbana. Este
fenómeno ha adquirido en los últimos años
proporciones difícilmente manejables y costos
sumamente elevados: de acuerdo con información
de la Policía Nacional, durante los últimos
cinco años, la violencia urbana ha representado
más del 60% de los delitos del país y
cerca del 70% de los costos totales de la violencia
en Colombia. En su explicación concurren tanto
factores de conflicto social de carácter estructural,
como factores coyunturales.
De otro lado, la delincuencia organizada encuentra en
el espacio urbano facilidades para crecer y desarrollarse,
lo que se enmarca dentro de las tendencias delictivas
contemporáneas por excelencia.
Esta manifestación criminal también representa
una evidente amenaza contra la tranquilidad ciudadana
y puede en ocasiones cruzar los límites del orden
público. El crimen organizado urbano en Colombia
no sólo se ha potenciado en los últimos
años, sino que de múltiples formas ha
adquirido vínculos estratégicos con las
organizaciones armadas al margen de la ley que toman
parte en el conflicto interno. En esa medida la respuesta
urbana frente a la violencia tendría una importante
incidencia en el desarrollo del conflicto armado.
El Gobierno Nacional implementará un modelo que
le permita al Estado retomar el control definitivo en
aquellas zonas con influencia de los grupos armados
ilegales y lograr su accionar legítimo en todo
el territorio nacional. Se trata de un esfuerzo integral,
conjunto y coordinado de recuperación, presencia
y consolidación interinstitucional. Este modelo
consiste en lograr mediante la acción de las
Fuerzas Militares una recuperación gradual de
las zonas afectadas por la violencia, y en consecuencia
permitir así la presencia efectiva de la Policía
Nacional en los municipios donde no la hubiere, para
alcanzar finalmente la consolidación de estas
áreas mediante la acción de las demás
entidades del Estado en un esfuerzo interinstitucional
coordinado. El propósito es crear un círculo
virtuoso de recuperación, presencia y consolidación
del control estatal sobre zonas del territorio donde
la actividad armada es menor, para restablecer un clima
de orden y seguridad que se extenderá paulatinamente
a todo el país.
La implementación de la parte de recuperación
se hará mediante operaciones ofensivas adelantadas
por las tropas con jurisdicción fija, que recibirán
el apoyo de brigadas móviles y unidades divisionarias.
Para garantizar la sostenibilidad de la presencia de
la Policía Nacional en las zonas recuperadas,
se conformarán las Fuerzas de Seguridad Local,
encabezadas por soldados profesionales y compuestas
Cuadro
4
Evolución de los delitos de mayor impacto social
1990-2001
por
soldados regulares y por soldados y policías
de apoyo5. Organismos como el DAS y la Fiscalía
podrán entonces cumplir con su labor de judicializar
a los miembros de los grupos al margen de la ley, mientras
que la Procuraduría velará por la protección
de los derechos humanos y las garantías procesales
de los implicados. Así, una vez garantizadas
las condiciones básicas de seguridad, el Estado
podrá ejecutar los programas que contribuyan
al bienestar social de la población, al desarrollo
sostenible y a la prosperidad económica de la
región.
a.
Control y reducción de las organizaciones armadas
al margen de la ley
i.
Reducción de la capacidad logística de
las organizaciones armadas al margen de la ley
Parte importante de la estrategia integral encaminada
a recobrar la seguridad y recuperar el monopolio legítimo
de la fuerza, consiste en desvertebrar las redes de
apoyo logístico, con particular énfasis
en la reducción de la capacidad armada de los
grupos violentos. El Gobierno Nacional ejecutará
los planes y programas diseñados específicamente
para debilitar el funcionamiento de estas organizaciones
con acciones sobre sus centros de reclutamiento, aprovisionamiento
de armas, municiones y explosivos6, sus rutas de alimentación
y transporte, sus sistemas de comunicaciones y sus fuentes
de financiamiento7.
Igualmente, se pretende debilitar a los grupos armados
con la captura de sus cabecillas y jefes jerárquicos,
procesándolos judicialmente y, si es el caso,
extraditándolos de acuerdo con la normatividad
vigente.
ii. Desarticulación de las finanzas de grupos
terroristas y de narcotráfico
La lucha contra los grupos terroristas, de narcotraficantes
y de delincuencia transnacional organizada se centrará
en el ataque a sus estructuras financieras. En tal sentido,
se reforzarán los controles a los movimientos
en el sistema financiero y de valores, con la implementación
de los lineamientos establecidos por las Naciones Unidas
en la Resolución 1373 de 2001. Además,
se perseguirán los bienes de dichas organizaciones
y se realizarán los ajustes necesarios en la
legislación para que la figura de la extinción
de dominio sea un instrumento eficaz de lucha contra
el crimen. Paralelamente, se adelantarán esfuerzos
que permitan restringir el secreto bancario y congelar
los activos derivados de su accionar. A escala local,
se implementarán mecanismos tendientes a evitar
que las finanzas municipales sean utilizadas para financiar
actividades terroristas o de apoyo a estos grupos y
se reforzará la inteligencia para identificar
aquellos negocios lícitos que sirven de fachada
para la financiación de las organizaciones criminales
y terroristas.
b.
Fortalecimiento de la Fuerza Pública y de la
capacidad disuasiva
i.
Profesionalización y fortalecimiento de las Fuerzas
Militares
Las
Fuerzas Militares tienen la responsabilidad de garantizar
la soberanía y la integridad territorial, así
como las condiciones de seguridad necesarias para que
las entidades del Estado puedan cumplir su misión.
Para este propósito las Fuerzas Militares se
fortalecerán en tres aspectos principales:
· Soldados profesionales. En desarrollo del proceso
de profesionalización y fortalecimiento de las
Fuerzas Militares, el Gobierno Nacional continuará
con la incorporación de nuevos contingentes de
soldados profesionales. Dichos soldados, debidamente
equipados, entrenados y educados en el respeto por los
derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario,
permitirán sostener y profundizar el cambio sustancial
en la conducción de las operaciones de la Fuerza
Pública y contribuirán de manera directa
con el logro de condiciones básicas de seguridad.
· Soldados de apoyo. Con el objetivo de colaborar
en la consolidación del control territorial y
de brindar seguridad adicional a los organismos investigativos
y judiciales que tengan la tarea de identificar y judicializar
a los miembros de las organizaciones armadas al margen
de la ley, se incorporarán a las filas de las
Fuerzas Militares contingentes de soldados de apoyo.
Dichos soldados, reclutados en sus lugares de origen,
realizarán tareas de apoyo a la Fuerza Pública
cuando las condiciones así lo exijan, al tiempo
que adelantarán sus labores normales de estudio
o trabajo.
Estos nuevos contingentes contarán con el entrenamiento
y equipo necesarios para el desarrollo de las funciones
que les serán encomendadas, así como con
la ayuda voluntaria de la red de cooperantes de la zona8.
· Reforma del servicio militar obligatorio. El
Gobierno Nacional presentará al Congreso un proyecto
de Ley que buscará modificar la legislación
vigente sobre el servicio militar obligatorio. Hasta
entonces, los esfuerzos estarán encaminados a
eliminar las discriminaciones existentes y se corregirán
los procedimientos que atentan contra este propósito.
De igual forma, establecerán lineamientos para
que todos los jóvenes reciban entrenamiento militar
como los profesionales de la reserva y sean colaboradores
permanentes de la fuerza pública. La docencia
obligatoria se constituirá en alternativa.
ii. Profesionalización y fortalecimiento de
la Policía Nacional
El
Gobierno Nacional tiene como prioridad incrementar el
pie de fuerza con el fin de que la Policía pueda
retornar a aquellos municipios donde no tiene presencia,
fortalecerla donde esta es débil y aumentarla
en las principales ciudades para prevenir y enfrentar
los delitos de mayor impacto social y evitar posibles
atentados terroristas. Para lograr este objetivo, se
avanzará en tres líneas de acción:
· Fortalecimiento de la seguridad en el
área rural. Esta estrategia busca la reactivación
de 163 estaciones en municipios en donde estas han sido
destruidas.
·
Fortalecimiento de los Carabineros. Se hará
por medio de la creación de escuadrones móviles
a lo largo del territorio nacional. De estos escuadrones,
un número de hombres será destinado a
la Unidad de Intervención y Reacción de
la Policía de Carreteras (Unir) y los Grupos
de Acción Unificada para la Libertad Personal
(Gaula). Para lograr los cometidos propuestos, en dichos
escuadrones se sustituirán auxiliares bachilleres
por patrulleros profesionales.
· Capacitación y profesionalización
de la Policía. Para el fortalecimiento de las
demás funciones que le competen a la Policía
Nacional, se mejorarán los procesos de capacitación
y profesionalización del personal de la institución,
a través de la modernización de la base
tecnológica que soporta las operaciones de policía
y la investigación en las áreas de ciencias
forenses y criminalística.
iii.
Fortalecimiento de la inteligencia
La inteligencia es tal vez el insumo más importante
que debe tener el Estado para enfrentar las amenazas
a su seguridad y prevenir las acciones de los grupos
armados ilegales. Al reconocer esto, el Gobierno Nacional
destinará los recursos necesarios y adoptará
un diseño institucional óptimo para garantizar
la eficiencia del ciclo de la inteligencia estatal:
dirección y planeación, recolección
y procesamiento de la información, y producción
y diseminación de análisis de inteligencia.
·
Dirección y planeación. El Presidente
de la República, en cumplimiento de su misión
constitucional y como Jefe Supremo de las Fuerzas Militares,
dirigirá la inteligencia estatal de manera coordinada
con el Ministerio de Defensa y el Consejo Superior de
Defensa y Seguridad Nacional, que serán responsables
de su planeación.
·
Recolección y procesamiento de la información.
La recolección y el procesamiento de la información
táctica y estratégica estarán a
cargo de la Fuerza Pública, organismos de seguridad
y otras agencias estatales. Se incentivará la
especialización, la cooperación y la complementariedad
entre ellas. La ciudadanía también será
parte fundamental en el tema de recolección9.
·
Promoción y difusión de la información.
Para la producción y diseminación de los
análisis de inteligencia se creará un
comité de coordinación del cual harán
parte delegados de todos los organismos de inteligencia
e investigación criminal. Este comité
tendrá la responsabilidad de consolidar los informes
de inteligencia y transmitirlos al Presidente, al Ministro
de Defensa y al Consejo Superior de Defensa y Seguridad
para la toma de decisiones.
Igualmente, se destinarán los recursos técnicos
necesarios para mejorar la eficiencia del ciclo estatal.
Para ello, se buscará proveer a las diferentes
instancias con equipos de última tecnología,
compatibles, y con bases de datos comunes, que permitan
obtener una inteligencia de calidad para enfrentar a
los grupos armados ilegales.
·
Cooperación internacional. El Gobierno Nacional,
consciente de que el terrorismo es una amenaza que no
conoce fronteras, promoverá la cooperación
internacional en materia de intercambio y flujo oportuno
de información de inteligencia con las diferentes
agencias.
Implementará, así, los lineamientos establecidos
por las Naciones Unidas en la Resolución 1373
de 2001.
iv.
Fortalecer la capacidad disuasiva frente a posibles
agresiones externas
Se
mantendrá la capacidad disuasiva real y creíble
frente a posibles amenazas externas mediante el mantenimiento
y modernización del material estratégico
existente. Se garantizará, de esta manera, la
soberanía e integridad de las aguas marinas y
submarinas, de la plataforma continental, los territorios
insulares y el espacio aéreo, así como
la protección y preservación de los recursos
naturales y el medio ambiente de la Nación. En
el mismo sentido, el Gobierno se convertirá en
un promotor del desarrollo fronterizo a través
de acciones y esfuerzos coordinados con el sector privado,
que además
de garantizar el bienestar de los ciudadanos, generen
una dinámica económica y social capaz
de neutralizar las amenazas a la soberanía del
territorio y su población.
Paralelamente, con el fin de evitar la migración
de factores generadores de violencia de un país
al otro, el tráfico ilícito de bienes
y el tránsito no autorizado de personas en zonas
fronterizas, se revitalizará el acercamiento
y la cooperación con las Fuerzas Armadas y de
Policía y organismos de seguridad de los países
vecinos. Para ello, se dará continuidad a la
realización de operaciones combinadas y coordinadas
que contribuyan a desarticular y neutralizar el accionar
de los actores armados al margen de la ley.
En el plano regional, el Estado colombiano fortalecerá
su presencia en los procesos de cooperación e
integración. En tal sentido, incrementará
su capacidad propositiva y de interlocución y
dinamizará la diplomacia militar a partir de
un plan de acción con objetivos a cinco y diez
años, tendientes a neutralizar mediante la cooperación
militar las amenazas a la seguridad regional.
En el plano de la cooperación internacional,
se propenderá por enfrentar, además de
las amenazas externas convencionales, aquellas de carácter
transnacional e irregular como el narcotráfico,
el terrorismo, el tráfico ilegal de armas, el
tráfico humano, el contrabando y las migraciones
ilegales, entre otras.
c.
Promoción de la cooperación ciudadana
El
Gobierno Nacional promoverá e incentivará
la cooperación voluntaria y patriótica
de la ciudadanía a la Fuerza Pública para
que proporcione información relacionada con las
organizaciones armadas al margen de la ley y la delincuencia.
El ciudadano es quien mejor conoce su entorno inmediato
y, por ende, las situaciones de inseguridad que permean
su vida cotidiana. Por ello se convierte en un actor
indispensable y estratégico en la definición
de la seguridad y en el apoyo, respaldo y colaboración
con las autoridades.
Se
busca, entonces, que los ciudadanos cumplan con su deber
de apoyar el esfuerzo estatal de brindar seguridad, y
de este modo acompañen al Estado y se sientan respaldados
por este. El núcleo inicial de este apoyo lo constituye
la conformación de redes de cooperación.
Igualmente se pretende incentivar la participación
a través de esquemas de recompensas y contar con
el apoyo de los medios de comunicación.
i.
Redes de cooperación
Este esquema de apoyo estará constituido por
un millón de ciudadanos en las zonas rurales
y urbanas del territorio nacional, quienes participarán
voluntariamente en redes de cooperación, que
estarán conformadas por miembros de los frentes
de seguridad local y empresarial, de la Defensa Civil,
de las empresas privadas de vigilancia y de las organizaciones
de taxistas y transportadores, entre otros.
Las redes de cooperantes estarán bajo el control,
supervisión y evaluación de los comandantes
militares y policiales y de los organismos de seguridad
del Estado localizados en cada una de las áreas.
ii.
Programas de recompensas
De manera paralela, el Gobierno Nacional implementará
un programa de recompensas para los informantes que
proporcionen a las autoridades datos oportunos y veraces
sobre personas, bienes o actividades relacionadas con
los grupos armados ilegales y la delincuencia. En adición
a todo lo anterior, se buscará el desarrollo
legal del artículo 441 del Código Penal,
que establece la obligación de los ciudadanos
de informar inmediatamente a la autoridad sobre el conocimiento
de cualquier indicio, actividad o persona relacionados
con actos delictivos y de terrorismo.
iii.
Apoyo de los medios
El Gobierno Nacional convocará a los medios de
comunicación para que de manera concertada establezcan
acuerdos de autorregulación orientados a atenuar
el impacto de las acciones terroristas en la opinión
pública. En estos acuerdos se tratarán
temas como la transmisión en directo de actos
terroristas, comunicados y entrevistas de organizaciones
e individuos que realicen dichos actos y la protección
de la identidad de las personas que los presencien.
d.
Protección a la infraestructura económica
El Gobierno coordinará las actividades de las
instituciones del sector seguridad y defensa, y definirá
una política de protección a la infraestructura
con el fin de: a) disminuir los costos generados por
la inseguridad y asumidos por la población; b)
disminuir los riesgos en los proyectos que requieren
participación privada; y c) aprovechar mejor
la infraestructura. Cuando sea necesario se diseñarán
e implementarán programas de seguridad con objetivos
específicos como Vías para la paz. Con
relación a la comercialización ilícita
de hidrocarburos y sus derivados, el Gobierno y coordinará
los programas de instituciones de seguridad y defensa
para reducir tanto el hurto de hidrocarburos y sus derivados
como su contrabando, mínimo en un 60%. Así
mismo, diseñará
un programa de seguridad con el fin de permitir el desarrollo
de las actividades de las compañías especializadas
en la exploración de hidrocarburos.
Se desarrollarán programas tendientes a prevenir
y eliminar los ataques terroristas contra la infraestructura
carbonífera (minas, líneas férreas
y terminal); vial (troncales y puentes); eléctrica
(hidroeléctricas, termoeléctricas, redes
de distribución) de telecomunicaciones; fluvial;
de puertos y aeropuertos; de servicios (acueductos)
y petrolera (campos, oleoductos y terminal). Para tal
fin, se ha diseñado una estrategia que contempla
la conformación de un sistema de información
confiable, la realización de operaciones ofensivas
y el apoyo de la Policía Judicial y de entes
externos.
i.
Sistema de información confiable
Se aspira a conformar un sistema que combine la información
de inteligencia, reunida de manera conjunta, con la
proveniente de la ciudadanía; el patrullaje permanente
de puntos críticos, por parte de la Fuerza Pública,
y la creación de unidades de reacción
inmediata que actúen cuando no haya sido posible
prevenir los delitos.
ii.
Operaciones ofensivas
La estrategia también contempla la realización
de operaciones ofensivas en las zonas de asentamiento
e influencia de los grupos ilegales, por lo general
diferentes a los lugares donde estos ejecutan atentados.
iii.
Apoyo de la Policía Judicial
De otra parte, la labor de la Fuerza Pública
será apoyada por los organismos que cumplen funciones
de policía judicial los cuales, agrupados en
equipos de trabajo no jerarquizados, conformarán
unidades de investigación, operación y
judicialización que permitirán llevar
procesos penales mejor sustentados y juzgar las personas
sindicadas de atentar contra la infraestructura económica
del país.
Estos grupos estarán apoyados por funcionarios
del Ministerio Público, quienes velarán
por la estricta observancia de las garantías
procesales.
iv.
Apoyo internacional
Para el desarrollo de esta iniciativa, se buscará
el apoyo técnico y financiero internacional,
así como la participación de la empresa
privada a través de aportes económicos
y de medios y se promoverá el correcto uso de
las regalías provenientes de las actividades
petroleras y mineras, y de la inversión social
hecha por parte de las empresas.
El actual Gobierno dará alcance a la iniciativa
regional andina, no sólo en materia de narcotráfico,
sino que también ha manifestado su interés
en hacerlo extensivo a problemas relacionados con actos
terroristas que se presenten dentro del territorio nacional.
Para ello se contará con recursos económicos
enmarcados en el plan de ayuda del Gobierno de Estados
Unidos para la protección de la infraestructura
energética, minera y de petróleos. De
igual forma, se buscará la autorización
para usar equipos militares entregados al país
en el marco de dicha ayuda, en este caso los helicópteros,
para la lucha contra los grupos ilegales.
e.
Seguridad urbana
El Gobierno, comprometido con una reducción drástica
de la criminalidad urbana, fortalecerá la capacidad
de manejo civil y descentralizado de estos problemas,
en cabeza de los alcaldes y secretarios de gobierno.
Contará para ello, con el apoyo estratégico
de las autoridades judiciales y de la Policía
Nacional en materia de prevención, disuasión
y control del delito, con el objetivo de hacer de las
ciudades colombianas espacios viables, competitivos
y sostenibles.
La seguridad urbana no se agotará en el terreno
de la criminalidad y la delincuencia. Dentro del marco
de la Seguridad Democrática, habrá compromisos
claros frente a otros fenómenos como violencia
intrafamiliar, violaciones a normas de tránsito
o comportamientos que atentan contra las normas de los
códigos de policía que perturban de manera
grave e importante la vida en sociedad.
i.
Diseño y planeación
El Consejo Superior de Defensa y Seguridad se constituirá
en una instancia de diseño, planeación
y coordinación de una estrategia que contenga
los lineamientos generales de la política, la
disposición de herramientas legales y la provisión
de líneas de asistencia técnica. Estas
deben permitir a las autoridades administrativas locales
diseñar y operar políticas públicas
en la materia y promover la cooperación horizontal
de experiencias exitosas entre ciudades.
ii.
Acción de las autoridades locales
La seguridad urbana y la rural estarán en cabeza
de todos los mandatarios locales del país, ya
que ellos son la primera autoridad de policía
en el ámbito municipal. Los alcaldes promoverán
la interinstitucionalidad mediante la coordinación
de los diferentes entes del orden nacional y local que
operan en el municipio y promoverán el desarrollo
de acciones en plena correspondencia con los asuntos
nacionales y las necesidades locales. Para ello, se
fortalecerá la dinámica de los Consejos
Municipales de Seguridad, con la votación de
los instrumentos jurídicos y las facultades para
que los alcaldes los creen en sus respectivos municipios.
Así mismo, para instituir la transparencia y
el derecho a la información, los alcaldes fomentarán
la participación comunitaria en el diseño
de las políticas y el control ciudadano de las
acciones estatales.
Los Consejos Municipales de Seguridad serán los
espacios idóneos para la promoción de
la participación ciudadana a través de
consultas realizadas a sectores de la sociedad acerca
de las necesidades e iniciativas en términos
de seguridad y convivencia. Así mismo, se impulsará
la responsabilidad social.
iii.
Apoyo de la Policía Nacional
El Gobierno fortalecerá la capacidad de vigilancia
pública de la Policía Nacional. Para ello,
aumentará el pie de fuerza en las ciudades, profundizará
el crecimiento del programa de Policía Comunitaria
como
mecanismo de acercamiento a la comunidad y promoción
de la seguridad de barrio. Así se fortalecerá
la naturaleza civil de la institución y se extenderá
su labor a múltiples cuestiones de interés
común, como la convivencia y otros asuntos menores.
Esta aproximación redundará en una mayor
fortaleza y legitimidad institucional que, a su vez
y con certeza, derivará en mayor cooperación
ciudadana.
Se fortalecerá la plataforma tecnológica
de la Policía en materia de modernización
de los espacios y metodologías de los Comités
de Vigilancia, a través de la puesta en operación
de los Centros de Información Estratégica
Policial Seccional (CIEPS), de una adecuación
institucional para la utilización de estas herramientas,
de la ampliación del programa de circuitos cerrados
de televisión y del fortalecimiento de los Centros
Automáticos de Despacho (CAD).
Se hace necesaria una urgente reforma al Código
Nacional de Policía. Se propenderá por
la promulgación de un Código Único
que unifique la normatividad dispersa, recoja la mayor
variedad de asuntos posibles y que sea lo suficientemente
general. No obstante, tales parámetros deberán
respetar el alcance de definición de los asuntos
particulares y las especificidades regionales y locales.
f.
Implementación del Programa de seguridad vial
El Gobierno Nacional implementará el Programa
de seguridad vial con el objeto de garantizar el derecho
a la libre circulación de las personas por el
territorio nacional, estipulado en el artículo
24 de la Constitución Política de Colombia
de 1991; para incentivar el intercambio comercial entre
las regiones; para reactivar el turismo; y para permitir
el transporte de carga y mercancías desde y hacia
los principales puertos del país.
La parte operativa de este programa estará a
cargo de las Fuerzas Militares y de la Policía
Nacional, mientras que los miembros de las redes de
informantes cooperantes lo apoyarán con información
que permita a las autoridades impedir cualquier acto
que restrinja la circulación en las vías
y contrarreste la piratería. Inicialmente, el
programa se implementará en los principales ejes,
extendiéndolo luego a las demás carreteras
que conforman la malla vial del país.
|
|