Le Monde Diplomatique
“ LA COLOMBIA DE INGRID BETANCOURT”
Por: Maurice Lemoine
www.lemondediplomatique.fr
Abril de 2006
Apoyados por la mano de los paramilitares de extrema derecha,
los partidos políticos que apoyan en Colombia al Presidente Álvaro
Uribe, han obtenido la mayoría en las elecciones legislativas
del 12 de Marzo. A pesar de una de abstención próxima
al 60 %, esta victoria conforta las posibilidades de reelección
de Uribe en el escrutinio presidencial del 28 de Mayo próximo.
La continuación de la “guerra total” llevada
contra la guerrilla hará mas difícil el “intercambio
humanitario” reclamado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC) para liberar a sus “prisioneros políticos” entre
los cuales se encuentra la franco-colombiana Ingrid Betancourt,
secuestrada desde hace más de cuatro años.
Una investigación de Maurice Lemoine
En esta selva espesa “en algún lugar de Colombia” llueve,
y sigue lloviendo, y después caen trombas de agua. Cuando
la catarata se calma es para dejar el paso a una llovizna pesada.
Las hojas gotean, la vegetación chorrea, el barro cubre
el barro. Protegidos por sus largos impermeables deformados por
el arma, siempre en el tirante, pequeños grupos de guerrilleros
se dedican a sus ocupaciones.
A la pregunta que le hacíamos, a comienzos de febrero,
el Comandante Raúl Reyes, portavoz de las Fuerzas Armadas
revolucionarias de Colombia (FARC), responde sin un segundo de
vacilación: “Puedo certificar que Ingrid Betancourt
está viva, que está en buen estado de salud. Es una
mujer muy inteligente, muy capaz, y como todos los prisioneros,
desea que un acuerdo humanitario sea firmado”. Una sonrisa
de cinismo: “Es perfectamente normal que quiera recobrar
su libertad”.
Franco-colombiana, la Sra. Betancourt se ha convertido en el símbolo
de los rehenes del conflicto que desgarra a este país. Elegida
diputada, después senadora, se enfrentó rápidamente
a la hostilidad de una gran parte de la clase política denunciando,
no sin valor, sus tráficos y su corrupción. Muy crítica
hacia los movimientos de oposición armada, aboga sin embargo,
por una salida negociada del conflicto. Es, bajo los colores de
su pequeño partido, Oxigeno Verde, que se lanza a la campaña
para la elección presidencial del 26 de mayo del 2002.
A algunos meses de esa fecha, el 20 de Febrero, el Gobierno rompe
las conversaciones de paz llevadas con las FARC, en las proximidades
de San Vicente del Caguán, una gran zona desmilitarizada.
Las fuerzas gubernamentales, en una violenta ofensiva, ocupan nuevamente
la aldea y sus alrededores. A la Señora Betancourt, las
autoridades le niegan la posibilidad de viajar por vía aérea
con los periodistas que acompañan al Jefe del Estado, Andrés
Pastrana, tal como ella lo solicita en virtud de su estatus de
candidata a la presidencia. A pesar de los consejos insistentes
que intentan disuadirla, la Señora Betancourt decide ir
por tierra. El 23 de Febrero, en compañía de su agregada
de prensa, Señora Clara Rojas y de dos periodistas, penetra
en la zona donde los combates entre el ejército y la guerrilla
hacen furor. Rechaza dar media vuelta cuando el conductor, de lejos,
percibe la barrera de interceptación puesta por los insurgentes.
El 28 de junio de 2001, las FARC liberaron unilateralmente doscientos
cuarenta y dos soldados y policías en La Macarena (Meta)
guardando en su poder, únicamente los oficiales. La oligarquía,
no soltó a ningún guerrillero como intercambio. “Durante
una conversación, cuenta el Comandante Reyes, el Alto comisionado
para la paz de esa época, Camilo Gómez, en mi presencia,
dijo a Marulanda (jefe histórico de la guerrilla) que ni
el gobierno de Pastrana ni el que le seguiría aceptaría
un acuerdo de intercambio humanitario. Que si las FARC no se sometían
a las condiciones de Pastrana, podían olvidarlo. A nosotros
nos pareció eso un chantaje y dijimos: “Si no quieren
es su responsabilidad”.
Dolidos, los guerrilleros previenen entonces que secuestrarán
miembros de la clase política que ellos juzgan “tan
indiferentes al drama de la guerra vivida por el pueblo como a
la suerte de los soldados que combaten en los rangos del ejército”.
Desde entonces, han secuestrado el más gran número
posible de personalidades con el fin de hacer presión sobre
el gobierno para obtener, como intercambio, la libertad de quinientos
de sus combatientes detenidos.
La llegada al poder de Álvaro Uribe, el 07 de agosto de
2002, marca una escalada en la confrontación militar. Curiosamente,
el poder intenta, por todos los medios, de convencer a la “comunidad
internacional” que no hay conflicto armado en Colombia. Únicamente
una “amenaza terrorista”. Durante los veinte y dos últimos
años, este “conflicto que no existe” ha costado
la vida, a por lo menos, setenta mil personas y ha producido tres
millones de desplazados internos. El país vive realmente
una conflagración de carácter social, económico
y político, en el marco de una guerra civil que dura desde
hace decenios.
Inscritas en la lista americana de las organizaciones terroristas
en septiembre 2001 y después en la de la Unión Europea,
las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN),
han visto como se les retira el status de beligerantes. Sin embargo,
si nos atenemos a la definición del protocolo II adicional
de las cuatro convenciones de Ginebra, ratificado por Bogotá el
18 de mayo de 1995, Colombia vive un “conflicto armado interno,
sin carácter internacional: un conflicto donde se confrontan
las fuerzas armadas del Estado con otras fuerzas, igualmente armadas,
identificables, que se oponen al Estado, van vestidas con uniformes
conocidos, llevan abiertamente las armas, dependen de un comandante
y han, o han sido en un momento dado, reconocidas como tales por
el Estado”. Como testimonio, las conversaciones de paz llevadas
en 1984 por el Gobierno de Belisario Betancur, y después
las que tuvieron lugar del 07 de Noviembre de 1998 al 20 de Febrero
de 2002 bajo la égida de Pastrana.
SECUESTROS Y DESAPARICIONES
De una manera o de otra, este enfrentamiento complejo implica a
toda la población. Si los paramilitares de las Autodefensas
Unidas de Colombia (AUC) y sus cómplices de las fuerzas
de seguridad llevan la responsabilidad de la inmensa mayoría
de homicidios, “desapariciones” y actos de tortura,
a la guerrilla se le atribuye la mayoría de los secuestros.
Se estima alrededor de tres mil (cifra actualmente en disminución),
el número de personas víctimas cada año
de este flagelo.
En el año 2003, las FARC han sido responsables del 30,55
% de los secuestros, el ELN del 15,5 % y el resto se le atribuye
a la delincuencia común . Hay una diferencia de abismal
con las cifras a menudo citadas por los medios y que adelanta la
página publicitaria de un cantor de variedad, publicada
bajo el título “Renaud en la selva” anunciando
una canción y el concierto de apoyo del 23 de febrero del
2006 para la liberación de Ingrid Betancourt “y de
los tres mil rehenes de Colombia secuestrados por las FARC .
No vamos a lanzarnos en una batalla indecente de cifras que permitiría
pensar que el secuestro de ochocientas o novecientas personas sería
menos condenable que el de tres mil. Lo que es cierto, es que el
impacto de este anuncio no tiene nada de inocente puesto que los
sentimientos generosos movilizados en favor de la Señora
Betancourt son a menudo utilizados, por estupidez, ignorancia o
complicidad, para el más gran provecho del Gobierno colombiano.
De hecho, si la cautividad de la Señora Betancourt emociona,
el ruido hecho alrededor de su suerte, molesta mucho también,
y sobre todo en Colombia. No porque su familia, sus próximos,
amigos bien posicionados entre los cuales se encuentra Dominique
de Villepin o buenas voluntades se movilizan en su favor. “Hemos
buscado por todas partes, declara, muy humana y muy digna, en Bogotá,
su madre, Yolanda Pulecio. Hemos hecho presión sobre el
Presidente, intentado ser escuchados por la guerrilla, hemos buscado
apoyo en los Estados Unidos, en México, en Venezuela y,
claro está, sobre todo en Francia... ¿Quien no haría
lo mismo?”
Pero, para otros, que corren de conciertos de apoyo a los plató de
televisión, una pregunta surge: ¿desarrollan igual
energía para las víctimas no “franco-colombianas” de
esta tragedia? Los sesenta y un otros “prisioneros políticos” de
las FARC interesan mucho menos, sean el ex-gobernador del Meta
(Alan Jara), el antiguo Ministro (Fernando Araujo), el senador
(Luís Eladio Pérez), los diputados (Consuelo González,
Orlando Beltrán y Oscar Lizcano), que sean militares o policías.....“Que
diferencia hay entre el dolor de una madre de soldado y la de la
madre de un hombre o de una mujer política?” pregunta
Marleny Orjuela, presidenta d’Asfamipaz, la Asociación
de las familias de miembros de la fuerza pública secuestrados
y liberados por los grupos guerrilleros. “Ingrid se beneficia
de un tratamiento de favor porque tiene la nacionalidad francesa
y porque pertenece a una clase social privilegiada”, afirma
Edna Margarita Salchali, hermana del subteniente Elkin Hernández,
tomado como prisionero durante un combate, el 14 de Octubre de
1998. Se dice que hay secuestrados de primera y de segunda clase.
A nosotros se nos ha olvidado.”
Especialmente... ¿Porqué ese silencio frente a las
exageraciones de los paramilitares y del ejército? La Asociación
de familias de secuestrados-desaparecidos (Asfaddes) afirma que
existen cerca de siete mil casos documentados de personas secuestradas
desde 1997 por los escuadrones de la muerte y cuyos cuerpos no
han sido jamás hallados. ¿Quién fija en carteles
sus retratos sobre el frontón de las Alcaldías? ¿Porqué no
hacer campaña también, y al mismo tiempo, para denunciar
una política de criminalización de la contestación
social que lleva a cientos de colombianos, dirigentes o militantes
sindicales y asociativos a las cárceles del Estado?
Que sea por “retención” de personas forzando
a sus familiares a pagar un rescate (el “impuesto revolucionario” según
los insurgentes), o por secuestros políticos, las FARC violan
el “jus in bello” conjunto de reglas de conducta moralmente
aceptables en tiempos de guerra. Este “derecho de la guerra” afirma
que las poblaciones civiles no deben ser jamás consideradas
como blanco de tiro. Según el numeral 1 (b) del artículo
3 común a las cuatro convenciones de Ginebra del 12 de agosto
de 1948, y el artículo 4-2 del protocolo II adicional de
junio 1977, las FARC deberían liberar a todos los secuestrados
y rehenes “inmediatamente, sin condiciones y unilateralmente”.
Siendo esto bien claro, debe, con todo rigor, considerarse como
rehén todo aquel que se encuentre entre sus manos? No sería
mas conveniente hablar de combatientes prisioneros cuando se evoca
el destino de treinta y seis oficiales, suboficiales y policías
capturados en combate ? “Rehenes” Thomas Howes, Keith
Stansell y Marc Gonçalvez? Empleados de la empresa californiana
Microwave Systems, subcontratante del Pentágono, cayeron
en manos de los rebeldes cuando ocurrió el aterrizaje forzoso
de su avión de espionaje Cesna 208 Caravan, perteneciente
al gobierno de Estados Unidos, el 12 de febrero 2003, en zona de
guerra, en Santana de las Hermosas (Caquetá). “Mercenarios” convendría
mejor.
Los “sentimientos de injusticia” han jugado un papel
cierto en la entrega de las armas de los insurgentes. Y su brutalidad
no es ajena a este resentir. En agosto de 2001, encontramos, en
el Sur de Bolívar, a proximidad del río Magdalena,
rojo de la sangre derramada por los paramilitares, al comandante
de una escuadra del ELN. Durante dos horas, en el fresco de una
noche desolada, nos cuenta esta guerra inhumana. La voz es sorda,
las palabras salen por ráfagas, el hombre necesita hablar.
Después de un largo silencio, evoca a un senador secuestrado
por su organización, del cual era el guardián, esperando
que llegara el rescate “Gritaba y lloraba : porqué yo,
que va a ser de mi familia, que les he hecho yo?. Le contesté:
Usted pertenece a la clase política. A causa de usted, he
pasado una niñez sin colegio, sin médico, en la indigencia
mas completa. A causa de usted, mi familia no ha conocido más
que la miseria. A causa de usted, no he tenido otra solución
que la de tomar las armas. A causa de usted, moriré en la
montaña, Entonces, no se queje, Usted va a pasar algunos
meses inconfortables, no es pagar muy caro”.
En fin de cuentas, un antiguo presidente de la República,
Alfonso López Michelsen, no dijo nada diferente cuando interpeló a
la sociedad colombiana sobre el tema de los “buenos” y
de los “malos” : “De la misma manera que el que
ha tomado las armas y practica la extorsión es abominable
a los ojos de los miembros del establishment, el que, a través
de los beneficios que le da su posición social, económica
y política, lucha para mantener el status-quo, apoyándose
en armas oficiales, es igualmente abominable a los ojos de aquellos
que militan en el campo contrario” .
El 28 de Marzo de 1984, las FARC, firmando los acuerdos de La
Uribe, condenaron la práctica de los secuestros y se comprometieron
a ponerles término. La negociación llevada con el
presidente Betancur debía entonces, marcar la primera tentativa
de inserción política a través de la creación
de un partido, la Unión patriótica, y un cese al
fuego. Militares y paramilitares han decidido diferentemente. La
experiencia de la Unión patriótica, tres mil muertos,
terminó en un baño de sangre . A la imagen de su
organización, el comandante de las FARC, Iván Ríos
hizo sus propias conclusiones: “Nosotros tenemos nuestras
propias normas, que a veces coinciden con las del derecho internacional
humanitario (DIH), pero la realidad de la confrontación
colombiana no es totalmente tenida en cuenta por éste. El
DIH no está adaptado a nuestra realidad” .
Esta guerra, como todas las guerras, tiene poca cosa en común
con la moral. Se puede intentar atenuar los efectos más
dolorosos. “Las FARC tienen, han tenido y tendrán
siempre como objetivo político el intercambio de prisioneros”,
nos afirma nuevamente el comandante Reyes. “intercambio humanitario” que
el poder rechaza de manera obstinada. Desde el punto de vista de
la guerrilla, además de la obtención de la liberación
de sus combatientes, discutir sobre un pié de igualdad con
el gobierno le devolvería un estatus político que
la sacaría del estado de organización terrorista
que le ha sido conferido y que rechaza violentamente.
Es precisamente lo que quiere evitar Uribe con su obsesión
de una victoria militar sobre su “eje del Mal”. El
se obstina en querer liberar a los secuestrados a través
de operaciones militares. Con las consecuencias desastrosas que
esto puede implicar. Pues en este caso, llevando a veces su lógica
hasta lo insoportable, algunos frentes de las FARC hacen lo que
han anunciado siempre: no permiten la liberación de ningún
secuestrado. Son ejemplos, el destino del Gobernador del Departamento
de Antioquia, Guillermo Gaviria, el del antiguo Ministro de la
Defensa, Gilberto Echeverri, y de ocho militares, cuando, el 05
de Mayo de 2003, un comando en helicóptero se acercó al
lugar donde se encontraban detenidos, en las cercanías de
Frontino (Antioquia). Lo pagaron con sus vidas, ejecutados por
los guerrilleros, según el testimonio de un superviviente.
En las mismas circunstancias, asesinaron a la ex ministra de la
cultura, consuelo Araujo Noguera.
A este respecto, la difusión de la segunda video-cassette
registrada durante su cautiverio por la Señora Betancourt
ha dado lugar a un despliegue mediático ambiguo . Los extractos
difundidos o publicados han generalmente dicho que la ex senadora
pedía al gobierno negociar la liberación de los soldados,
todo y precisando que la libertad de los rehenes civiles no era “negociable”.
Y sobre todo, ella daba en lo que la concierne, su fuego verde
a una operación de rescate por los militares. En realidad,
su declaración integral dice lo siguiente: “Rescate,
si, definitivamente si, por principio. Pero no cualquier rescate.
Los rescates terminan con éxito o no deben tener lugar.
Colombia no puede caer en el expediente o, simplemente un rescate
es una oportunidad política en la cual no se juega con la
vida de numerosos ciudadanos, sino que el Estado tiene que salir
ganador. Ganador si los secuestrados son liberados vivos, porque
constituyen un trofeo y ganador igualmente si puede traer cadáveres
porque se puede acusar al enemigo”.
Prisioneras de la angustia y de la incertidumbre, las familias
de los secuestrados rechazan con fuerza este tipo de tentativa. “Que
las fuerzas armadas me perdonen, dice la Señora Salchali,
pero ellas son incapaces de llevar a bien una operación
de liberación”. En cuanto al padre de un policía,
suelta, los nervios a vivo pensando en esta eventualidad: “Hemos
luchado durante años por su libertad, no tenemos ganas de
verlos devolverse cubiertos con una bandera”.
Además, subraya Ana Caterina Heyck, abogada y especialista
del DIH “para la liberación de los civiles y militares
secuestrados por las FARC podemos apoyarnos en el artículo
3 común a las cuatro convenciones de Ginebra quien regula
los conflictos armados internos y establece en su parte final lo
que se conoce bajo los términos “acuerdos especiales”.
Por otra parte, añade, estableciendo que la política
de paz es una “política de Estado” permanente
y participativa, la ley colombiana 434 de febrero 1998, permite
igualmente la aplicación efectiva del DIH. “Ella determina
la utilización prioritaria de recurrir al diálogo
y a la negociación”.
Con la misma lógica y los mismos argumentos, Michael Frühling,
director de la oficina del Alto Comisionado de la ONU declaró el
26 de Agosto de 2005 que el presidente Uribe debería hacer
de la liberación de los “secuestrados” de la
guerrilla una prioridad. Pero la ONU, en Bogotá, no tiene
forzosamente olor de santidad.
En febrero 2005, Uribe pidió y obtuvo la revocación
del Señor James Lemoyne, Consejero Especial del Secretariado
General de la ONU para Colombia. En el pasado, éste último
había desgastado mucha energía en el acercamiento
de las partes durante los momentos difíciles que se presentaron
en las negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno Pastrana.
Cuando la administración guerrera de Uribe llegó al
poder, no se lo perdonó. El 03 de Agosto de 2004, el Alto
Comisionado para la Paz, Luís Carlos Restrepo, no pudo contenerse
y dijo en el Senado, evocando este período: “Los comisarios
iban a beber whiskye con los guerrilleros y los embajadores se
entusiasmaban hasta el delirio para hacerse fotografiar en compañía
de un hombre en tenida de camuflaje y con un fusil”.
Y además, el hablar claro de Lemoyne exasperaba. No consideraba
las FARC como una organización “de carácter
político”. Diplomático con el verbo abrupto
no dudó en acusar públicamente al gobierno: “Si
no quiere acercarse a las FARC, que lo diga. Hay demasiadas voces
oficiales que dicen que si, que no, diciendo, que quizás,
que imposible o que posible. Esto no da confianza a las FARC” .
Ante los obstáculos a su trabajo que el poder le ponía,
la misión de buenos oficios de las Naciones Unidas, invitada
por las FARC, se retiró en abril 2005.
Muy implicada en la búsqueda de una solución, la
Iglesia no ha sido más favorecida. El 31 de Enero de 2003,
miembro de una comisión de facilitación integrada
igualmente por el Padre Darío Echeverri y el antiguo Ministro
del trabajo, Argelino Garzón, Monseñor Luís
Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal, se prepara
a reunirse con el secretariado de las FARC. En términos
medidos, función obliga, no da la prueba de ninguna indulgencia
hacia ellas. “Las FARC hacen prueba de una insensibilidad
terrible, nos confió recientemente. Ellas no pueden decir
que la suerte se sus prisioneros es la misma que la de sus guerrilleros.
Estos han pasado en juicio, tienen derecho a visitas. Los secuestrados
non. Pueden pasarse tres años sin que llegue el mínimo
signo de vida.” Como hombre de paz, privilegia el camino
de la negociación. En especial porque, cuenta, “Hace
algunos años he podido trabajar, dialogar con las FARC y
realizar la liberación de ochenta soldados. Ya nos conocíamos,
era fácil hablar...”.
En el preciso momento cuando comienza a encontrarse con el secretariado,
el presidente Uribe lanza une gigantesca operación militar,
el plan Patriota. Decidido a desafiar el peligro y a llevar su
misión adelante, cueste lo que cueste, el Obispo será finalmente
disuadido por las FARC: “No venga más, aquí no
hay más que sangre”. “El plan Patriota, se lamenta
Monseñor Castro, ha creado una pared entre ellos y nosotros.
Esto nos ha impedido seguir este tipo de encuentro. De manera que
nuestros contactos se hacen únicamente por correspondencia
o a través de correos electrónicos”.
El 02 de Enero del 2004, en una operación de los servicios
secretos colombianos y americanos, el comandante guerrillero Simón
Trinidad, designado para negociar la liberación de los secuestrados,
será arrestado en El Ecuador. “Estaba en Quito para
establecer un contacto con James Lemoyne, pues deseábamos
reunirnos con él, explica el comandante Reyes. Como era
difícil de hacerlo en Colombia pues Lemoyne hubiese tenido
que pedir la autorización a Uribe, y que no queremos deber
ningún favor à este último, tuvimos que buscar
otro lugar para conversar”. Entregado a las autoridades colombianas,
Trinidad fue extraditado el 31 de Diciembre del 2004 hacia los
Estados Unidos, sobre la base de un dossier americano constituido
con toda rapidez, trece horas después del plazo final que
había dado el gobierno para que las FARC liberasen a sesenta
y cinco prisioneros.
El 13 de Diciembre de 2004, en Caracas, fue el turno de Rodrigo
Granda en ser capturado por los servicios secretos colombianos.
Conocido como el Ministro de Relaciones Exteriores de las FARC,
Granda había sido comisionado para dialogar con París
sobre una solución posible al “asunto Betancourt” a
través de la Embajada de Francia en Venezuela.
La cercanía de la elección presidencial en mayo
próximo, a la cual se presenta nuevamente Uribe, parece
modificar un poco el orden de las cosas. Y con razón: como
los antiguos presidentes Alfonso López, Ernesto Samper,
Julio Cesar Turbay, y el ex procurador general Jaime Bernal, la
mayoría de los colombianos dicen ser favorables al intercambio
humanitario. A mediados de Agosto de 2004, el poder propuso liberar
unilateralmente a cincuenta guerrilleros que saldrían al
extranjero o se integrarían a un programa de reinserción,
para el intercambio de secuestrados políticos. Pero, si
bien las FARC aceptaron negociar con Restrepo, exigieron sin embargo
que las conversaciones se hicieran de frente y no por Internet
como lo sugirió el Gobierno. Mas tarde, las FARC rechazaron
que ese diálogo tuviese lugar en la sede de la nunciatura
apostólica o en una Embajada. Y porqué no “en
una pequeña escuela o una pequeña Iglesia” ironiza
Reyes...
Los rebeldes insisten para que ese encuentro tenga lugar en una “zona
de seguridad” desmilitarizada, en los Municipios de Pradera
y Florida . “No queremos hacer correr el mínimo riesgo
ni a los prisioneros, ni a los negociadores, ni al gobierno, ni
a los observadores internacionales ni a nosotros mismos, precisa
Reyes. Que Uribe retire las tropas durante treinta días,
que dé una fecha precisa y, si nos ponemos de acuerdo, procedemos
al intercambio de una vez”.
Las familias de los secuestrados se exasperan igualmente contra
el poder como contra la oposición armada. “”Somos
familias del pueblo, como dice la guerrilla, que nos devuelvan
los muchachos” se subleva la señora Orjuela, mientras
que Mario Enrique Murillos, padre de un soldado no esconde su cólera: “Nuestros
hijos se habían enrolado por el sueldo, a causa del paro,
es también el problema! Si han sido hecho prisioneros, es
defendiendo la Patria. Entonces, que el Jefe de Estado nos eche
una mano!”.
En diciembre del 2005, el gobierno francés, el español
y el suizo se acercaron a Bogotá para intentar desbloquear
la situación. Buscando hasta donde podría ir el acercamiento,
los diplomáticos europeos deseaban trabajar con discreción
y solicitaron la más absoluta confidencialidad al presidente. “Entonces,
que hace Uribe?” se enfada el comandante Reyes. Cada vez
que los franceses o la comunidad hacen una propuesta, la sabotea
o, si le conviene, se la apropia para parecer generoso”.
El 14 de diciembre, en efecto, “olvidando” la discreción
solicitada, Uribe anuncia con ruido que, respondiendo a la iniciativa
europea, acepta establecer una zona desmilitarizada de 180 km2
en El Retiro (Valle del Cauca)-.
“Uribe aparece en una rueda de prensa...continua el comandante
Reyes. Declara que acepta la propuesta y que tenemos que aceptarla.
En ese momento, no la conocíamos siquiera! Nos llegó después.” Intransigencia?
Mala fé? En términos prudentes, Monseñor Castro
confirma implícitamente este propósito. “Había
en ese momento un obstáculo en términos de seguridad.
En la formula propuesta, la seguridad de las FARC sería
asumida por la comunidad internacional. Pero de quien se trata?
Un embajador, un delegado? Esto no da a las FARC quienes están
en guerra, ninguna garantía. Y no delegan su seguridad.
Lanzar la propuesta a la opinión pública antes de
haberla comunicado a la guerrilla ha sido un lamentable error,
debía habérsele consultado primero.”
Después de este episodio, los insurgentes han decidido: “Mientras
Uribe sea presidente, no habrá intercambio humanitario”.
Sumergiendo a las familias de los secuestrados, como a las de guerrilleros
prisioneros en un profundo desespero. La ausencia de un verdadero
leadership de oposición y el peso de los paramilitares desmovilizados
para engañar en la campaña electoral, con amenazas
y coerciones, abren la vía a una posible reelección
de Uribe.
Si el candidato Carlos Gaviria – del Polo democrático
alternativo (centro izquierda) se ha pronunciado en favor del intercambio
humanitario, el que ha avanzado más en este terreno es el
candidato independiente, Álvaro Leyva. Candidato libre,
procedente del Partido Conservador, ex Ministro y principalmente,
ex negociador bajo diferentes presidencias, con varias guerrillas,
hace campaña prometiendo “el intercambio humanitario
inmediatamente y la paz en seis meses”. Reuniéndose,
el 22 de Diciembre de 2005, con este pretendiente relegado en los
sondeos y marginalizado por los medios, Manuel Marulanda, el líder
histórico de las FARC, le ha tendido evidentemente una mano.
La oposición armada, anunciando el 04 de marzo que, como
seguimiento a estas conversaciones, las FARC están dispuestas
a liberar a dos policías, Eder Luís Almanza y Carlos
Alberto Logarda, ha hecho implícitamente de Leyva “su” candidato.
A pesar de todo, Uribe es el favorito incontestable. Dicen en
Bogotá, que si se mantiene en el poder, las presiones internacionales
tendrán que jugar un papel decisivo en el destino de los
prisioneros. Monseñor Castro lo desea a medias palabras: “Estamos
en sintonía con ellas, las apoyamos”. Así como
Virginia Franco, madre del capitán Luís Alfonso Beltrán
Franco, secuestrado el 30 de marzo de 1998 en El Billar (Caquetá): “Esperamos
mucho de los países que apoyan el intercambio humanitario.
La comunidad internacional es muy importante para nosotros. Sentimos
un respiro, un alivio”. Como resultado de esto, paradójicamente,
el reproche hecho a la movilización diplomática de
París en favor de la Señora Betancourt cambió de
opinión: “Si somos pragmáticos, sonríe
amargamente la Señora Heyck, tenemos que concluir que es
una “suerte” que esté secuestrada. Si Francia
no hiciese presión sobre su caso, el gobierno no se movería
de un milímetro, tanto por ella como por los otros prisioneros”.
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